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miércoles, octubre 05, 2022

De vinilos y recuerdos

 La noche caía en Playa Verde, un pequeño balneario de la costa uruguaya en el invierno de 2008. 

Era de fumar en la cama mientras escuchábamos un vinilo.

Ya con veintilargos fue la primera vez que de veras oía un disco de Alfredo Zitarrosa y a mi lado estaba la señorita que ha sido mi amor frustrado por causas atribuibles únicamente a mi.

Ella dijo, Zitarrosa es tan profundo, con una voz con un dejo de melancolía y tristeza.

Y terminó el disco, y éramos felices, y yo no sabía nada de todo lo que vendría después.

Esa noche tuve una conexión con la música escuchada de a dos que raramente volvería a encontrar.

Y nos fuimos a la cama e hicimos lo que dos personas que se quieren hacen en una cama, y todo lo demás vendría después.


Este es el disco, y cada vez que escucho a Don Alfredo vuelvo a esa noche, y a esa mujer.



sábado, junio 13, 2020

Y si no te escucho... Grita

Era fines de los 90 cuando compré el primer disco de Jarabe de Palo, y en si, el tercer cd de mi propiedad, todo un logro en aquellos tiempos, jejeje.
Y ese disco me acompañó pila de tiempo, me lo conocía todo! y a principios de los 2000 cada vez que nos juntábamos con mi querido amigo Mario, Grita era parte de su repertorio.
Y con Dan, cuando lo veíamos en las madrugadas de charlas, en un documental del disco Flaca muy divertido.

Jarabe de Palo me enseñó que no había que tener poses boludas para hacer música, que en el rock también se podía decir cosas del sentir, cosas cotidianas, que son las que al final más nos hacen. No sabría como explicarlo, pero así es como lo puedo decir.
Y bueno, un mediodía, después de haber puesto el tema vecina de Jarabe en el trabajo, me cuentan por mensaje que había muerto Pau. 
Y, pero como? fue la pregunta, si recién estuvo acá cantando conmigo??? 

Y bueno, les dejo con un pequeño homenaje para Pau Dones, que estuvo en la vida de muchos de nosotros con las canciones, así, chiquitas, sencillas, pero tan llenas de verdades...

Pd: Otra vez que lo escuché iba manejando desde el este hacia Montevideo y ahí sonaba Grita, y me vino el recuerdo tan real de cuando la tocábamos con Mario y esa sensación que te da el "si salgo corriendo, tu me agarras por el cuello...  y si no te escucho, grita".

Aquí, algunas de las canciones que más me gustan y bueno Pau, que sepas que mientras alguien siga escuchándote no vas a morir.











jueves, diciembre 19, 2013

El grito del canilla (Mario el diariero)

Hagan de cuenta por un momento que el video que ilustra este post no es una propaganda del diario el país.

Cuando tenía algo así como diez años y las clases terminaban, se venía el calorcito y todos los niños del barrio salíamos a jugar hasta cerca de la madrugada, cuando las madres salían a terminar con aquella maratón de fútbol, charlas de pasto, alguna que otra pelea y sin preocupaciones absurdas de la adultez aparecía Mario el diariero.
El juego se cortaba por unos minutos para acercarnos a él y con el estrechón de manos más sincero, desinteresado y divertido nos saludaba uno por uno a los cuatro o cinco de la banducha.
Todas las noches pasaba por el barrio, no se si vendía algún diario a esas horas, o si éramos una parada en su camino de vuelta a casa, la cosa es que durante años el tipo fue fiel a la cita.
El tiempo las hizo más erráticas, o acaso nosotros recién entonces nos dimos cuenta. Mario pasaba y saludaba con aliento de wisky (ahora intuyo que era wisky), posiblemente de la mala calidad del que me estoy tomando en este momento, pero el saludo y la sonrisa franca siempre estaban allí.
Una vez el canilla de nuestro barrio llegó a estar tan borracho que intentaba bajar por el edificio a pisos por debajo de la planta baja que no existían. Se daba cuenta y se iba, lo mirábamos de lejos con esa tristeza de niño que está creciendo y que de a poco se va dando cuenta que las cosas se están derrumbando
.
Si quisiera poner una fecha, no podría, la infancia se recuerda así, como momentos entreverados en el tiempo.
Mario se desvanecía mientras de a poco terminábamos la escuela (supongo). Pasaron algunas de las peleas de pibes que teníamos con el Fede, gran amigo de aquellos tiempos, los fracasos amorosos que me acompañan siempre, jejej (en aquellos tiempos cosa extraña, las mujeres, bah, las niñas digo y no tan importante) y las noches de verano se escaparon como la arena cuando uno intenta agarrarla y una noche recién empezadas las clases (con resacas de juego en el barrio hasta tarde) apareció la hija de Mario, una mina que no llegaría a los dieciocho, pero que la vida difícil hace parecer muchos más, preguntando por su padre, si lo habíamos visto en los últimos tiempos, y lo cierto era que no.
Desde aquella noche los apretones de mano en que consistían en nuestro ritual y las breves charlas se terminaron.
Desde aquella noche Mario faltó a la cita y ahora unos veinte años después, de faltar yo, de silencios y entierros en la memoria, la noche del domingo, mientras en el barrio tocaba el Jaime el grito del canilla, me acordé de nuestro canilla, de nuestro vendedor de diarios y le debía al menos este pedacito de historia.

Sonó el grito del canilla, muy bien la banda, el Jaime impecable, pero como todo en la vida faltaban cosas, o mejor dicho, gente. Aquella noche no estaban ni el Canario Luna ni Mario nuestro diariero y la sensación de que se perdió demasiado de aquellos tiempos o de que quizás me estoy viniendo viejo y este es solo otro síntoma.

Esta noche brindo por vos, con un wisky digno de la ocasión y un tabaco para limpiar el aire.

http://www.youtube.com/watch?v=eZiRHKQv-xM